El papel no me ayuda... no puedo escribir en él más que frases sueltas y dibujos, por lo tanto escribir mi historia no va a ser fácil.
Bah... "mi" historia, que también es tuya, de él, de ella y de cualquier persona que la reclame.
Es egoísta pensar que una historia es sólo de uno. Que somos únicos, que tenemos algo de especial... ser humano está muy sobrevalorado últimamente.
Al carajo, denme un trago de lo que sea y déjenme fantasear con un dios y jugar a ser quien mueve los hilos de las marionetas como sueñan todos los mortales.
Los escritores somos un franco fracaso. Ya no quedan genios literarios, sólo los compositores de literatura barata como su aquí presente narradora y sus cuentos sin final feliz.
Bueno, sin más preámbulos acá comienza la historia sin dueño. La historia que es de quien la demande
The thing that should not be
A Madgirl's Life
- Rebel Pose
- Soy un intento de escritora que vuelca acá todo lo que se le pasa por la cabeza.Enana, pelirroja, próximamente llena de tatuajes.Amo el cine, leo mucho. Todavía creo en la gente. Ya no pierdo el tiempo buscando esos años desperdiciados. Bienvenido a mi mente
domingo, 25 de mayo de 2014
Preámbulo para leer mi blog
sábado, 5 de abril de 2014
Promises
A veces quisiera ser un poco menos débil. A veces quisiera salir a respirar a la superficie del mar que es mi mundo. A veces quisiera terminar de decidir qué hacer con lo que tengo dentro.
Traté de vomitarlo y no funcionó, traté de matarlo de hambre y tampoco sirvió. Traté de dibujarlo, de gritarlo y de cantarlo, pero no sirvió. Traté de que se drenara junto con la sangre que salía, a chorros a veces y a gotitas otras, de los cortes en mis muñecas y mi pecho, pero eso tampoco sirvió.
Nunca nada sirvió...
Ahora trato de escribirlo, pero como todo lo antes nombrado sólo va a alejarme unos efímeros momentos de mi realidad y luego no voy a tener otra opción que volver a hundirme en el mar tormentoso y gris que es ésta.
Pero mi mundo no es totalmente gris. Ese mar que llamo mundo y que más que un mar es una sopera llena de agua también sabe ser de un azul profundo que se mezcla con un celeste cielo en el que floto y nado tranquila, riendo como si no existiera nada más que él y yo. Cada vez que aparece, mi dolor se desvanece, se evapora sin necesidad de vomitarlo, ayunarlo, dibujarlo, gritarlo, cantarlo ni desangrarlo. Espero ansiosa sus ojos en los que veo todo el amor que nunca me dieron, sus labios que me curan heridas viejas y nuevas y sus manos que me dejan sumida en un trance del que me gustaría nunca despertar.
Cuando llega, mi mar se llena de promesas, de sonrisas, de abrazos, besos, canciones y risas que inundan toda la sopera rebotando contra sus paredes y formando un eco que hace temblar a todos los dioses que alguna vez existieron. Que hace retorcer de odio al macabro rostro de mi dolor.
Y yo vuelvo a saber que nadie se merece esa inmensa felicidad más que yo, me trago todas esas palabras que nunca creí que iba a escuchar y mi mundo se llena de promesas que poco a poco se cumplen y me cosen las heridas.
¿Qué hago cuando se va? Desahogo el dolor con alguna de las maneras ya dichas, o duermo, o busco nuevas formas mayormente autodestructivas de calmar las aguas hasta que una palabra, un recuerdo, un olor... Algo me recuerde todas las promesas y me incite a seguir nadando en aguas agitadas hasta que el sol me vuelva a iluminar. Hasta que esos ojos me miren con amor. Hasta que esos labios me besen. Hasta que esa sonrisa se me contagie. Hasta que las promesas se vuelvan a cumplir.
Nunca nada sirvió...
Ahora trato de escribirlo, pero como todo lo antes nombrado sólo va a alejarme unos efímeros momentos de mi realidad y luego no voy a tener otra opción que volver a hundirme en el mar tormentoso y gris que es ésta.
Pero mi mundo no es totalmente gris. Ese mar que llamo mundo y que más que un mar es una sopera llena de agua también sabe ser de un azul profundo que se mezcla con un celeste cielo en el que floto y nado tranquila, riendo como si no existiera nada más que él y yo. Cada vez que aparece, mi dolor se desvanece, se evapora sin necesidad de vomitarlo, ayunarlo, dibujarlo, gritarlo, cantarlo ni desangrarlo. Espero ansiosa sus ojos en los que veo todo el amor que nunca me dieron, sus labios que me curan heridas viejas y nuevas y sus manos que me dejan sumida en un trance del que me gustaría nunca despertar.
Cuando llega, mi mar se llena de promesas, de sonrisas, de abrazos, besos, canciones y risas que inundan toda la sopera rebotando contra sus paredes y formando un eco que hace temblar a todos los dioses que alguna vez existieron. Que hace retorcer de odio al macabro rostro de mi dolor.
Y yo vuelvo a saber que nadie se merece esa inmensa felicidad más que yo, me trago todas esas palabras que nunca creí que iba a escuchar y mi mundo se llena de promesas que poco a poco se cumplen y me cosen las heridas.
¿Qué hago cuando se va? Desahogo el dolor con alguna de las maneras ya dichas, o duermo, o busco nuevas formas mayormente autodestructivas de calmar las aguas hasta que una palabra, un recuerdo, un olor... Algo me recuerde todas las promesas y me incite a seguir nadando en aguas agitadas hasta que el sol me vuelva a iluminar. Hasta que esos ojos me miren con amor. Hasta que esos labios me besen. Hasta que esa sonrisa se me contagie. Hasta que las promesas se vuelvan a cumplir.
miércoles, 29 de enero de 2014
Viejo...*
No sé, te extraño demasiado. Quiero verte, pero estás lejos, infinitamente lejos y no es un infinito de tres horas, si no de catorce, quizás quince... Algunos infinitos son más largos que otros.
¿Hace cuánto te fuiste? Mayo, si no lo olvidé como tantos otros recuerdos que amaría tener conmigo ahora, ya, para reconfortarme un rato más hasta tenerte de vuelta.
Y todo el mundo me llena de dudas, me habla mal de vos y opina sin saber lo quesos vos y lo que me duele escucharlos. Simplemente porque fuiste mi mundo y porque yo por vos soy lo que soy. Necesito que me des una señal, algo que me diga que me extrañás, que me querés, que no vivo queriendo a alguien que no piensa en mí, alguien que me abandonó.
Quizá lo hiciste, quizá no (Y me inclino por la última) pero así me lo hicieron ver, eso me dijeron que pasó y entonces, como cualquier cosa muchas veces repetida, la posibilidad empieza a dar vueltas en mi cabeza bailando entre la verdad y la mentira a veces dándole algo de paz a mis agitados pensamientos y otras impulsándome a llorar como si aún estuviese en el aeropuerto. Y hablando de llanto en mi celular suena Brick by Brick de Boom Boom Kid que, dicho sea de paso, es de las pocas bandas que no conocí por vos y que es del estilo de bandas que criticarías que escuchara. "Espero que no haya dolor dentro de tu corazón, porque el mío se cae en pedazos when I'm far away from you"... Hay cosas demasiado ciertas en esta frase y la mayoría se aplican a vos, porque desde que te fuiste mi corazón no para de romperse.
Sé que si leyeras esto no me reconocerías, esta no es tu Ana, pero es una Ana con miedo al abandono, una simple nena que extraña a su papá.
Te amo, simplemente te amo y no puedo decir más de todo lo que ya escribí, viejo...
Te veo pronto.
Anushka, Nu o simplemente Ana.
*Copiado textual de una nota de mi celular del Jueves 23/01/14 a las 23:54.
domingo, 12 de enero de 2014
Sentada en un cuarto oscuro
Simplemente estaba sentada. Sentada en un cuarto oscuro.
Tarareaba una canción de esas que no recuerda, canciones que vienen necesitadas y luego se van, simplemente se van y no vuelven hasta que las necesites de vuelta. Esa clase de canciones le habían salvado la vida, aunque esta ya no le importaba a ella, perdida, ciega, ya no...
Simplemente estaba sentada. Sentada en un cuarto oscuro mientras tarareaba su canción salvadora de turno, pero ya sin saber de qué la salvaba, no había nada de que salvarla excepto quizá de si misma. Esta canción era diferente a todas, no la recordaba, no era suya, no le pertenecía. Sin embargo puedo asegurar que ese día esta pasó a ser sólo de ella
Simplemente estaba sentada. Sentada en un cuarto oscuro con su canción que aún no era suya, sin entenderla, sin saber dónde estaba, sin escuchar su hermosa y mortal letra. No podía. No puede. Nunca podrá.
Temblaba, un mechón de pelo cayéndole sobre los ojos llenos de lágrimas, que se escurrían por sus mejillas con la misma rapidez con la que sus ojos se llenaban de agua otra vez. No supo cuánto tiempo estuvo así, pero las lágrimas pararon de golpe y ella quedó así. Simplemente estaba sentada. Sentada en un cuarto oscuro. Trató de escuchar la canción dentro de su cabeza, que la salvara si realmente eso era lo que tenía que suceder. Era escéptica, nada podía salvarla, sobre todo porque para ella no había nada que salvar.
Cerró los ojos tratando de escucharla, primero despacio, luego con fuerza, pero nada pasaba. Sintió las lágrimas de vuelta y en su cabeza corrió una película. Y lo entendió. Pasado, la canción era sobre pasado, todo era borroso, pero empezaba a escucharla dentro de su cabeza como un dulce consuelo con gusto a café. Estaba bien, ¿Saben? valía la pena que fuera salvada, algo de ella valía y no para de pensar en ello, la canción la salvaba, resucitaba una muerta.
Cada palabra una razón para seguir, cada vez más levantada, cada vez más ella.
Pero ¿Qué se hace cuando lo que creíste tu salvación se vuelve la pérdida, Cuando eso que te hizo feliz pasa a hacerte llorar en un minuto, cuando lo que te sacó del barro vuelve a hundirte? Nada.
Las palabras se retorcieron en su propia mente hasta transformarse en el odio acumulado, todo contra ella, todo su culpa, todo.
Sintió las lágrimas correr por su rostro mientras ella corría por un largo y negro pasillo, sin detenerse una vez, aunque en realidad ella estaba simplemente sentada. Sentada en un cuarto oscuro. La música había pasado a estar fuera de su cabeza, sonaba como si miles de parlantes la tocaran, le dolía le cabeza y no podía pensar. Corrió corrió y corrió por su pasillo huyendo de ella, golpeando cada culpa que se le cruzaba. Encontró también gente, gente que la miraba con repulsión mientras la música se hacía más y más fuerte. Llegaba al final del pasillo. ¿Cuál era el final? Una ventana, abierta de par en par se encontraba en el final de ese pasillo, sólo detenerse hubiera bastado, pero no. Saltó y vio la avenida bajo sus pies, caía.
La última media sonrisa apareció en su cara a la vez que decía por primera y única vez "Soy libre", primero para ella y luego gritándolo.
Ella se liberó ese día, pero su cuerpo no quedó en la avenida, última cosa que vio. Su cuerpo quedó sentado en ese cuarto oscuro.
Cerró los ojos tratando de escucharla, primero despacio, luego con fuerza, pero nada pasaba. Sintió las lágrimas de vuelta y en su cabeza corrió una película. Y lo entendió. Pasado, la canción era sobre pasado, todo era borroso, pero empezaba a escucharla dentro de su cabeza como un dulce consuelo con gusto a café. Estaba bien, ¿Saben? valía la pena que fuera salvada, algo de ella valía y no para de pensar en ello, la canción la salvaba, resucitaba una muerta.
Cada palabra una razón para seguir, cada vez más levantada, cada vez más ella.
Pero ¿Qué se hace cuando lo que creíste tu salvación se vuelve la pérdida, Cuando eso que te hizo feliz pasa a hacerte llorar en un minuto, cuando lo que te sacó del barro vuelve a hundirte? Nada.
Las palabras se retorcieron en su propia mente hasta transformarse en el odio acumulado, todo contra ella, todo su culpa, todo.
Sintió las lágrimas correr por su rostro mientras ella corría por un largo y negro pasillo, sin detenerse una vez, aunque en realidad ella estaba simplemente sentada. Sentada en un cuarto oscuro. La música había pasado a estar fuera de su cabeza, sonaba como si miles de parlantes la tocaran, le dolía le cabeza y no podía pensar. Corrió corrió y corrió por su pasillo huyendo de ella, golpeando cada culpa que se le cruzaba. Encontró también gente, gente que la miraba con repulsión mientras la música se hacía más y más fuerte. Llegaba al final del pasillo. ¿Cuál era el final? Una ventana, abierta de par en par se encontraba en el final de ese pasillo, sólo detenerse hubiera bastado, pero no. Saltó y vio la avenida bajo sus pies, caía.
La última media sonrisa apareció en su cara a la vez que decía por primera y única vez "Soy libre", primero para ella y luego gritándolo.
Ella se liberó ese día, pero su cuerpo no quedó en la avenida, última cosa que vio. Su cuerpo quedó sentado en ese cuarto oscuro.
jueves, 2 de enero de 2014
Conciencia...
- Vos no estás bien.
- ¿Quién dice?
- Yo... vos no estás bien y yo te conozco más que nadie.
No pude evitar soltar una risa que salió de lo más profundo de mi, recorriendo mi cuerpo de mis pies al pecho para luego salir por mi garganta.
- ¿En serio, conciencia? Yo no me conozco para nada.
Bueno, mentí, sí me conocía pero me desconocía por igual, depende el día, el humor y dependiendo de todo. Yo era una gran contradicción.
- Anna, no te lo crees y a mi no podés mentirme. Guardaste en mi todos tus pensamientos y pretendés que te desconozca.
-¡La puta madre!- atiné a decir- ¿Cuál es la necesidad de hacerme esto? Si no te das cuenta estoy a punto de llorar, no me necesito a mi misma reprochándome cosas y dándome vueltas como un psicoanálisis.
La imagen vaga que yo tenía de mi conciencia sonrió. Era parecida a mi, pero de un tiempo anterior, cuando mi nombre aún llevaba una sola N. Pelo muy corto castaño, bastante desarreglado, flaca, con una expresión sobrante y una mirada que no admitía reclamos.
- Se supone que esto es lo que las conciencias hacen. Además, si realmente no me quisieras acá te sentarías a ver televisión y comer y así llevar una vida típica de la gente que ve Tinelli después de trabajar para alguien que ni siquiera sabe de su existencia. Ambas sabemos que en el fondo sos una torturada, Anna.
- Es raro el hecho de que cada vez que pronunciás mi nombre bajes el ritmo y hagas notar las dos N. Aunque sí me doy una idea de por qué es me sigue pareciendo, al menos, curioso.
- ¿Cuál es tu teoría entonces?
-Yo te veo como éramos antes, vos no cambiaste, vos seguís siendo Ana, en cambio yo no. Y creo que el haber agregado esa N a mi nombre fue la manera de exteriorizar totalmente el cambio, de dejar de ser "yo". También creo (no, estoy segura) que a vos eso no te gusto un carajo y usás esa cosa de pronunciar la doble N de mi nombre como una manera sutil de reproche.
-Sos inteligente, amor- usó la palabra con un tono de superioridad casi irónico- excepcionalmente inteligente diría yo.
- Te odio y te amo a la vez Little Me- solté un suspiro similar a cuando exhalaba el humo de mi cigarrillo.
La sonrisa brotó de sus labios apenas terminada la oración. Me miró con ella aún en la cara y me dijo:
-"Little Me"... suena gracioso, se supone que la que domina a la otra soy yo.
Y rió.
- Estoy harta de esto, yo no quise cambiar, otra gente me cambió y ¿sabés qué? vos no hiciste nada para impedirlo, así que no vengas a reclamar cosas sin sentido. No sos la única que la pasa mal por esto, estoy destruída y no quiero más nada.
Dicho esto me puse una almohada en la cabeza con intención de dormir, pero sabía que ella seguía mirándome y no se iría. Luego de un rato por fin me incorporé y la miré.
- ¿Y ahora qué?
-Eso esperaba que me dijeras...
-No sé, vos sos la conciencia, vos tenés que decirme que hacer, aunque quizá sólo seas la visión de una atormentada por el pasado.
- Limpiate, ya está, ya pasó.
-No soy idiota, Ana.
-No, sos excepcionalmente inteligente. Otro día vuelvo, pero por hoy ya es suficiente, quedate tranquila Anna. Está bien, está todo absolutamente bien.
-Citándote a vos: "yo te conozco más que nadie" y sé cuando las cosas no están bien. Supongo que sigo con mi plan de siempre.
-¿Segura de que lo que vas a hacer es lo correcto?
-No, la verdad sé que probablemente este mal, pero no necesito una conciencia que me reproche todo en este momento...
-Después no te quejes de que yo no hago nada para impedir que te conviertas en lo que sos. Chau Anna, hablamos otro día.-Y se fue enojada.
Me quedé mirando al techo un rato largo y por fin lo dije:
-Perdón, perdón por todo. Volvé...
Pero sabía que no volvería, no por el momento. Quizás es cierto y siemplemente soy una torturada...
Me acosté en la cama y cerré los ojos. Sólo quería dormir.
- ¿Quién dice?
- Yo... vos no estás bien y yo te conozco más que nadie.
No pude evitar soltar una risa que salió de lo más profundo de mi, recorriendo mi cuerpo de mis pies al pecho para luego salir por mi garganta.
- ¿En serio, conciencia? Yo no me conozco para nada.
Bueno, mentí, sí me conocía pero me desconocía por igual, depende el día, el humor y dependiendo de todo. Yo era una gran contradicción.
- Anna, no te lo crees y a mi no podés mentirme. Guardaste en mi todos tus pensamientos y pretendés que te desconozca.
-¡La puta madre!- atiné a decir- ¿Cuál es la necesidad de hacerme esto? Si no te das cuenta estoy a punto de llorar, no me necesito a mi misma reprochándome cosas y dándome vueltas como un psicoanálisis.
La imagen vaga que yo tenía de mi conciencia sonrió. Era parecida a mi, pero de un tiempo anterior, cuando mi nombre aún llevaba una sola N. Pelo muy corto castaño, bastante desarreglado, flaca, con una expresión sobrante y una mirada que no admitía reclamos.
- Se supone que esto es lo que las conciencias hacen. Además, si realmente no me quisieras acá te sentarías a ver televisión y comer y así llevar una vida típica de la gente que ve Tinelli después de trabajar para alguien que ni siquiera sabe de su existencia. Ambas sabemos que en el fondo sos una torturada, Anna.
- Es raro el hecho de que cada vez que pronunciás mi nombre bajes el ritmo y hagas notar las dos N. Aunque sí me doy una idea de por qué es me sigue pareciendo, al menos, curioso.
- ¿Cuál es tu teoría entonces?
-Yo te veo como éramos antes, vos no cambiaste, vos seguís siendo Ana, en cambio yo no. Y creo que el haber agregado esa N a mi nombre fue la manera de exteriorizar totalmente el cambio, de dejar de ser "yo". También creo (no, estoy segura) que a vos eso no te gusto un carajo y usás esa cosa de pronunciar la doble N de mi nombre como una manera sutil de reproche.
-Sos inteligente, amor- usó la palabra con un tono de superioridad casi irónico- excepcionalmente inteligente diría yo.
- Te odio y te amo a la vez Little Me- solté un suspiro similar a cuando exhalaba el humo de mi cigarrillo.
La sonrisa brotó de sus labios apenas terminada la oración. Me miró con ella aún en la cara y me dijo:
-"Little Me"... suena gracioso, se supone que la que domina a la otra soy yo.
Y rió.
- Estoy harta de esto, yo no quise cambiar, otra gente me cambió y ¿sabés qué? vos no hiciste nada para impedirlo, así que no vengas a reclamar cosas sin sentido. No sos la única que la pasa mal por esto, estoy destruída y no quiero más nada.
Dicho esto me puse una almohada en la cabeza con intención de dormir, pero sabía que ella seguía mirándome y no se iría. Luego de un rato por fin me incorporé y la miré.
- ¿Y ahora qué?
-Eso esperaba que me dijeras...
-No sé, vos sos la conciencia, vos tenés que decirme que hacer, aunque quizá sólo seas la visión de una atormentada por el pasado.
- Limpiate, ya está, ya pasó.
-No soy idiota, Ana.
-No, sos excepcionalmente inteligente. Otro día vuelvo, pero por hoy ya es suficiente, quedate tranquila Anna. Está bien, está todo absolutamente bien.
-Citándote a vos: "yo te conozco más que nadie" y sé cuando las cosas no están bien. Supongo que sigo con mi plan de siempre.
-¿Segura de que lo que vas a hacer es lo correcto?
-No, la verdad sé que probablemente este mal, pero no necesito una conciencia que me reproche todo en este momento...
-Después no te quejes de que yo no hago nada para impedir que te conviertas en lo que sos. Chau Anna, hablamos otro día.-Y se fue enojada.
Me quedé mirando al techo un rato largo y por fin lo dije:
-Perdón, perdón por todo. Volvé...
Pero sabía que no volvería, no por el momento. Quizás es cierto y siemplemente soy una torturada...
Me acosté en la cama y cerré los ojos. Sólo quería dormir.
viernes, 29 de noviembre de 2013
Reflexiones y algo más
¿Por qué será que nos esforzamos tanto para conseguir algo y cuando lo conseguimos, ese algo ya no nos hace felices?Quizá porque la felicidad es algo relativo, subjetivo...y hasta estar seguros de cómo es es felicidad nos es imposible encontrarla.
Y perdemos el escaso tiempo que alguna vez se nos dio buscando cosas que nos hagan felices sin saber lo que es la felicidad para uno. Perdemos el tiempo, también mirando atrás para ver que hicimos mal. Perdemos el tiempo recordando las mierdas del pasado, simplemente perdemos el tiempo.
¿Ven lo que somos?Somos nada, somos todo, somos lo que vivimos y lo que nos falta vivir, somos lo que pensamos y lo que no.
SOMOS IDEAS. Realmente nunca importa el hombre (o mujer), sólo importa la idea. Los ideales nos hacen, a nadie le importa la carne, importan los pensamientos. Contenedor y contenido son nuestra carne y nuestras ideas "Matar por ideas, morir defendiéndolas"Aunque suene absurdo, es el esquema de nuestra sociedad. Y esta sociedad necesita una idea, una buena idea que la lleve por el camino correcto, una idea que venga de la mano de alguien sin miedo a morir una vez que su idea ha pasado a otros, porque cuando eso pasa ya no se teme a morir. Los hombre mueren, las ideas no.
Revolución de pensamiento, eso hay que hacer.
Y perdemos el escaso tiempo que alguna vez se nos dio buscando cosas que nos hagan felices sin saber lo que es la felicidad para uno. Perdemos el tiempo, también mirando atrás para ver que hicimos mal. Perdemos el tiempo recordando las mierdas del pasado, simplemente perdemos el tiempo.
¿Ven lo que somos?Somos nada, somos todo, somos lo que vivimos y lo que nos falta vivir, somos lo que pensamos y lo que no.
SOMOS IDEAS. Realmente nunca importa el hombre (o mujer), sólo importa la idea. Los ideales nos hacen, a nadie le importa la carne, importan los pensamientos. Contenedor y contenido son nuestra carne y nuestras ideas "Matar por ideas, morir defendiéndolas"Aunque suene absurdo, es el esquema de nuestra sociedad. Y esta sociedad necesita una idea, una buena idea que la lleve por el camino correcto, una idea que venga de la mano de alguien sin miedo a morir una vez que su idea ha pasado a otros, porque cuando eso pasa ya no se teme a morir. Los hombre mueren, las ideas no.
Revolución de pensamiento, eso hay que hacer.
viernes, 13 de septiembre de 2013
Boulevard de los sueños rotos
Cerró los ojos.
Se imaginó en un pasillo angosto y largo, casi sin luz.Tantea y tantea hasta que sus ojos se acostumbran a la oscuridad, entonces ve que el pasillo está lleno de puertas cerradas.
Camina los primeros tres metros que la distancian de la primera y trata de abrirla, pero no puede.Va hacia la segunda y lo mismo ocurre.En la tercera se da cuenta de que en todas las puertas hay una placa dorada con distintos nombres grabados.
Parte por el pasillo mirando las puertas, buscando la suya, deseando ver que secretos guardaba cada una. De vez en cuando ve en el pasillo algunas personas sumidas en sus pensamientos a quienes saludaba y le devolvían el saludo con la cabeza.
No conocía a ninguno, pero algunos le resultaron conocidos. Una mujer de pelo azul con expansores y el septum que le sonrío y hasta le deseó suerte. También estaba ese chico de campera de cuero y cresta rubia que le dirigió una mirada esperanzadora, ese ángel que siempre, siempre estaba en sus sueños.
Perdida en sus pensamientos no se dio cuenta de que los nombres pertenecían tanto a desconocidos como a amigos cercanos y no reparó en ninguno hasta encontrar su puerta. Respiró hondo y tiró levemente, la puerta se abrió...
Un rayo de luz la deja ciega momentáneamente, y al entrar puede ver un cuarto con más puertas, puertas sin ningún nombre.Se acerca a una y la abre, encuentra una foto vieja que representaba una familia, una familia de tres personas. Una abuela, su hijo, su hija y un bebé en brazos del mayor.
La toma entre sus manos y su mente vuela en el tiempo, y recuerda...
La mujer era bastante joven, vestida de negro y se veían en sus brazos y piernas varios tatuajes. Tenía los ojos claros, la piel blanca y una expresión que decía "Esta es tu casa" no podía ser otra cosa que esa. Casa, esa mujer era la casa, al menos para ella.
Después la otra, debía tener unos 16 años, o un poco más. Pelo cortito con rulos y teñido de colores, sonrisa hermosa, anteojos y un arito en la nariz, que era bastante rara. También se veían un par de tatuajes.
Después el hijo. Era alto, muy y sus rulos negros tapaban casi toda su cara, su pelo era largo. Usaba anteojos también, tenía la nariz recta y aunque estaba vestido de negro no tenía ni tatuajes ni piercings como su madre y su hermana, la cual debía ser apenas menor que él quien aparentaba unos 18 años. Él llevaba al bebé en sus brazos.
Pelo castaño, gordita, sus ojos negros enormes y la nariz igual a la de su tía. Sus cachetes eran enormes y su boca chica y tenía la pera partida igual que su viejo.
Ahí lo entendió. Había estado mirando la foto y recién los reconocía, a pesar de estar todos igual que ahora, menos ella. Sí, el bebé era ella, el pibe de la foto era su viejo, con su tía y su abuela, la familia que más quería. Luchó por no ponerse a llorar y lo consiguió, le dio un beso a la foto, la dejó donde estaba y salió del cuarto.
Al llegar al hall dudó antes de abrir otra puerta, pero finalmente abrío la segunda de las tres.
Entró y parecía una habitación normal, con muebles, libros, cosas... Nada fuera de lo común hasta que vio en un rincón la batería y el bajo, pero no eran totalmente corporeos, si no que aún no estaban del todo ahí.
Los trató de agarrar y se le vinieron a la mente muchas imágenes.
Ella a los 10 años pidiéndole a su vieja tocar la batería, yendo a clases, aprendiendo, tocando. Sonrío.
Luego la sonrisa se borró de su cara. Ella tirada en la cama, con la batería al lado sin tocar. Ella sentada en el banco tratando de sacar algo sin poder. Ella mandando la música a la mierda.
Del bajo no hubo recuerdos, pero igual lo entendió, entendió que los estaba dejando, que ya no podía más.
Ahí si se puso a llorar, temblaba y salió del cuarto dando un portazo.
No espero a calmarse para entrar en la última puerta, le chupaba todo un huevo.
Fotos. La pared llena de fotos. Fotos de caras. Fotos de gente. Gente conocida. Gente que tenía efecto sobre ella.
Todo le daba vueltas, los recuerdos se mezclaban, era un tornado, no entendía nada y menos entendió cuando todo empezó a llenarse de agua, agua azul, agua que se llevaba fotos, que traía otras, agua que la hundía. Sus ojos se llenaron de lágrimas, su cara se volvió roja, las pecas le resaltaron más de lo normal. Se desesperaba, no tenía a nadie, se sentía perdida, sabía que nada era real, pero no podía despertarse. Recorsó lo visto en las dos puertas, pero los recuerdos se mezclaban con las caras y el azul del lugar, se ahogaba.
Y como siempre, trataba de flotar, pero esta vez estaba sola. Se ahogaba, no podía respirar.
Se fue al fondo y miró con los ojos brillosos la superficie, no podía hacer más nada, trató de nadar, trató de salvarse, pidió ayuda a todo lo que conocía y creía. Pidió ayuda a la chica del pasillo y hasta a su ángel, a todo.Pero nadie vino.
Y se hundió en el mar.
Se imaginó en un pasillo angosto y largo, casi sin luz.Tantea y tantea hasta que sus ojos se acostumbran a la oscuridad, entonces ve que el pasillo está lleno de puertas cerradas.
Camina los primeros tres metros que la distancian de la primera y trata de abrirla, pero no puede.Va hacia la segunda y lo mismo ocurre.En la tercera se da cuenta de que en todas las puertas hay una placa dorada con distintos nombres grabados.
Parte por el pasillo mirando las puertas, buscando la suya, deseando ver que secretos guardaba cada una. De vez en cuando ve en el pasillo algunas personas sumidas en sus pensamientos a quienes saludaba y le devolvían el saludo con la cabeza.
No conocía a ninguno, pero algunos le resultaron conocidos. Una mujer de pelo azul con expansores y el septum que le sonrío y hasta le deseó suerte. También estaba ese chico de campera de cuero y cresta rubia que le dirigió una mirada esperanzadora, ese ángel que siempre, siempre estaba en sus sueños.
Perdida en sus pensamientos no se dio cuenta de que los nombres pertenecían tanto a desconocidos como a amigos cercanos y no reparó en ninguno hasta encontrar su puerta. Respiró hondo y tiró levemente, la puerta se abrió...
Un rayo de luz la deja ciega momentáneamente, y al entrar puede ver un cuarto con más puertas, puertas sin ningún nombre.Se acerca a una y la abre, encuentra una foto vieja que representaba una familia, una familia de tres personas. Una abuela, su hijo, su hija y un bebé en brazos del mayor.
La toma entre sus manos y su mente vuela en el tiempo, y recuerda...
La mujer era bastante joven, vestida de negro y se veían en sus brazos y piernas varios tatuajes. Tenía los ojos claros, la piel blanca y una expresión que decía "Esta es tu casa" no podía ser otra cosa que esa. Casa, esa mujer era la casa, al menos para ella.
Después la otra, debía tener unos 16 años, o un poco más. Pelo cortito con rulos y teñido de colores, sonrisa hermosa, anteojos y un arito en la nariz, que era bastante rara. También se veían un par de tatuajes.
Después el hijo. Era alto, muy y sus rulos negros tapaban casi toda su cara, su pelo era largo. Usaba anteojos también, tenía la nariz recta y aunque estaba vestido de negro no tenía ni tatuajes ni piercings como su madre y su hermana, la cual debía ser apenas menor que él quien aparentaba unos 18 años. Él llevaba al bebé en sus brazos.
Pelo castaño, gordita, sus ojos negros enormes y la nariz igual a la de su tía. Sus cachetes eran enormes y su boca chica y tenía la pera partida igual que su viejo.
Ahí lo entendió. Había estado mirando la foto y recién los reconocía, a pesar de estar todos igual que ahora, menos ella. Sí, el bebé era ella, el pibe de la foto era su viejo, con su tía y su abuela, la familia que más quería. Luchó por no ponerse a llorar y lo consiguió, le dio un beso a la foto, la dejó donde estaba y salió del cuarto.
Al llegar al hall dudó antes de abrir otra puerta, pero finalmente abrío la segunda de las tres.
Entró y parecía una habitación normal, con muebles, libros, cosas... Nada fuera de lo común hasta que vio en un rincón la batería y el bajo, pero no eran totalmente corporeos, si no que aún no estaban del todo ahí.
Los trató de agarrar y se le vinieron a la mente muchas imágenes.
Ella a los 10 años pidiéndole a su vieja tocar la batería, yendo a clases, aprendiendo, tocando. Sonrío.
Luego la sonrisa se borró de su cara. Ella tirada en la cama, con la batería al lado sin tocar. Ella sentada en el banco tratando de sacar algo sin poder. Ella mandando la música a la mierda.
Del bajo no hubo recuerdos, pero igual lo entendió, entendió que los estaba dejando, que ya no podía más.
Ahí si se puso a llorar, temblaba y salió del cuarto dando un portazo.
No espero a calmarse para entrar en la última puerta, le chupaba todo un huevo.
Fotos. La pared llena de fotos. Fotos de caras. Fotos de gente. Gente conocida. Gente que tenía efecto sobre ella.
Todo le daba vueltas, los recuerdos se mezclaban, era un tornado, no entendía nada y menos entendió cuando todo empezó a llenarse de agua, agua azul, agua que se llevaba fotos, que traía otras, agua que la hundía. Sus ojos se llenaron de lágrimas, su cara se volvió roja, las pecas le resaltaron más de lo normal. Se desesperaba, no tenía a nadie, se sentía perdida, sabía que nada era real, pero no podía despertarse. Recorsó lo visto en las dos puertas, pero los recuerdos se mezclaban con las caras y el azul del lugar, se ahogaba.
Y como siempre, trataba de flotar, pero esta vez estaba sola. Se ahogaba, no podía respirar.
Se fue al fondo y miró con los ojos brillosos la superficie, no podía hacer más nada, trató de nadar, trató de salvarse, pidió ayuda a todo lo que conocía y creía. Pidió ayuda a la chica del pasillo y hasta a su ángel, a todo.Pero nadie vino.
Y se hundió en el mar.
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