A Madgirl's Life

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Soy un intento de escritora que vuelca acá todo lo que se le pasa por la cabeza.Enana, pelirroja, próximamente llena de tatuajes.Amo el cine, leo mucho. Todavía creo en la gente. Ya no pierdo el tiempo buscando esos años desperdiciados. Bienvenido a mi mente

viernes, 13 de septiembre de 2013

Boulevard de los sueños rotos

Cerró los ojos.
Se imaginó en un pasillo angosto y largo, casi sin luz.Tantea y tantea hasta que sus ojos se acostumbran a la oscuridad, entonces ve que el pasillo está lleno de puertas cerradas.
Camina los primeros tres metros que la distancian de la primera y trata de abrirla, pero no puede.Va hacia la segunda y lo mismo ocurre.En la tercera se da cuenta de que en todas las puertas hay una placa dorada con distintos nombres grabados.
Parte por el pasillo mirando las puertas, buscando la suya, deseando ver que secretos guardaba cada una. De vez en cuando ve en el pasillo algunas personas sumidas en sus pensamientos a quienes saludaba y le devolvían el saludo con la cabeza.
No conocía a ninguno, pero algunos le resultaron conocidos. Una mujer de pelo azul con expansores y el septum que le sonrío y hasta le deseó suerte. También estaba ese chico de campera de cuero y cresta rubia que le dirigió una mirada esperanzadora, ese ángel que siempre, siempre estaba en sus sueños.
Perdida en sus pensamientos no se dio cuenta de que los nombres pertenecían tanto a desconocidos como a amigos cercanos y no reparó en ninguno hasta encontrar su puerta. Respiró hondo y tiró levemente, la puerta se abrió...
Un rayo de luz la deja ciega momentáneamente, y al entrar puede ver un cuarto con más puertas, puertas sin ningún nombre.Se acerca a una y la abre, encuentra una foto vieja que representaba una familia, una familia de tres personas. Una abuela, su hijo, su hija y un bebé en brazos del mayor.
La toma entre sus manos y su mente vuela en el tiempo, y recuerda...
La mujer era bastante joven, vestida de negro y se veían en sus brazos y piernas varios tatuajes. Tenía los ojos claros, la piel blanca y una expresión que decía "Esta es tu casa" no podía ser otra cosa que esa. Casa, esa mujer era la casa, al menos para ella.
Después la otra, debía tener unos 16 años, o un poco más. Pelo cortito con rulos y teñido de colores, sonrisa hermosa, anteojos y un arito en la nariz, que era bastante rara. También se veían un par de tatuajes.
Después el hijo. Era alto, muy y sus rulos negros tapaban casi toda su cara, su pelo era largo. Usaba anteojos también, tenía la nariz recta y aunque estaba vestido de negro no tenía ni tatuajes ni piercings como su madre y su hermana, la cual debía ser apenas menor que él quien aparentaba unos 18 años. Él llevaba al bebé en sus brazos.
Pelo castaño, gordita, sus ojos negros enormes y la nariz igual a la de su tía. Sus cachetes eran enormes y su boca chica y tenía la pera partida igual que su viejo.
Ahí lo entendió. Había estado mirando la foto y recién los reconocía, a pesar de estar todos igual que ahora, menos ella. Sí, el bebé era ella, el pibe de la foto era su viejo, con su tía y su abuela, la familia que más quería. Luchó por no ponerse a llorar y lo consiguió, le dio un beso a la foto, la dejó donde estaba y salió del cuarto.

Al llegar al hall dudó antes de abrir otra puerta, pero finalmente abrío la segunda de las tres.
Entró y parecía una habitación normal, con muebles, libros, cosas... Nada fuera de lo común hasta que vio en un rincón la batería y el bajo, pero no eran totalmente corporeos, si no que aún no estaban del todo ahí.
Los trató de agarrar y se le vinieron a la mente muchas imágenes.
Ella a los 10 años pidiéndole a su vieja tocar la batería, yendo a clases, aprendiendo, tocando. Sonrío.
Luego la sonrisa se borró de su cara. Ella tirada en la cama, con la batería al lado sin tocar. Ella sentada en el banco tratando de sacar algo sin poder. Ella mandando la música a la mierda.
Del bajo no hubo recuerdos, pero igual lo entendió, entendió que los estaba dejando, que ya no podía más.
Ahí si se puso a llorar, temblaba y salió del cuarto dando un portazo.

No espero a calmarse para entrar en la última puerta, le chupaba todo un huevo.
Fotos. La pared llena de fotos. Fotos de caras. Fotos de gente. Gente conocida. Gente que tenía efecto sobre ella.
Todo le daba vueltas, los recuerdos se mezclaban, era un tornado, no entendía nada y menos entendió cuando todo empezó a llenarse de agua, agua azul, agua que se llevaba fotos, que traía otras, agua que la hundía. Sus ojos se llenaron de lágrimas, su cara se volvió roja, las pecas le resaltaron más de lo normal.  Se desesperaba, no tenía a nadie, se sentía perdida, sabía que nada era real, pero no podía despertarse. Recorsó lo visto en las dos puertas, pero los recuerdos se mezclaban con las caras y el azul del lugar, se ahogaba.
Y como siempre, trataba de flotar, pero esta vez estaba sola. Se ahogaba, no podía respirar.
Se fue al fondo y miró con los ojos brillosos la superficie, no podía hacer más nada, trató de nadar, trató de salvarse, pidió ayuda a todo lo que conocía y creía. Pidió ayuda a la chica del pasillo y hasta a su ángel, a todo.Pero nadie vino.
Y se hundió en el mar.

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